Lunes, 28 Noviembre, 2016

Dalí estaba fascinado por la publicidad y fue tan sólo una de las áreas de entre los medios en los que desarrolló su creatividad. El maestro del surrealismo era un hombre de negocios perspicaz, sabía que su imagen, en la que tanto había trabajado, generaba y generaría más de un millón de dólares de ganancias. Su mujer y gerente de sus negocios, Gala, era igual de avariciosa, Dalí la conoció cuando ella aún estaba casada con el poeta Paul Eluard y se casaron en 1942.

Dalí y Gala se mudaron a los Estados Unidos en 1936 y el traslado coincidió con la diversificación de Dalí en un sentido artístico: empezó a aceptar comisiones de publicitarios y colaboró con grandes almacenes en Nueva York. En 1939, mientras trabajaba en el diseño del escaparate del centro comercial Bonwit Teller, enfureció tanto por culpa de los cambios en sus creaciones que  empujó una bañera a través del cristal de la ventana.

En 1968, Dalí rodó un anuncio de televisión para el chocolatero francés ‘Lanvin’. En él, proclama, en francés "Je suis fou du chocolat Lanvin!" ("El chocolate Lanvin me vuelve loco!") haciéndose el bizco y provocando que su bigote se girara para arriba.

Dalí diseñó el logotipo de Chupa Chups en 1969. Se estaba tomando un café con el director de la empresa de golosinas, Enric Bernat, y Dalí empezó a garabatear nombres; fue entonces cuando el logotipo nació. Bernat había contratado a una agencia para renombrar la piruleta, pero después de su encuentro fortuito con Dalí, el logotipo se convirtió en uno de los logotipos de marca más reconocido en el mundo.

Dalí apareció en algunos anuncios de televisión para numerosas empresas, incluyendo Alka Seltzer y el Brandy Veterano. Según su biógrafa Meryle Secrest, lo mínimo que Dalí pedía por un minute de grabación eran 10.000 dólares. El amor del artista por el dinero es legendario, tanto que André Bretón le puso el mote de ‘Avida Dollars’, que era un anagrama de su nombre. Tomado del francés ‘avide a dollars’, se traduce cómo ‘ansioso por los dólares.’

Durante su exilio de ocho años en Estados Unidos, que coincidió con la segunda Guerra mundial, Dalí trabajó en gran variedad de medios, diseñando joyería, ropa, muebles, escenarios para obras de teatro y ballets y escaparates para tiendas.

Dalí trabajó en gran variedad de formas de expresión, la pintura, la escultura, el cine, el dibujo y la publicidad; para él eran solo maneras de expresar su genio artístico y por su puesto fuentes de ingresos para satisfacer su codicia por los dólares.