Lunes, 20 Noviembre, 2017

Dalí visitó a Nueva York por primera vez el 14 de noviembre de 1934. Llegó a bordo del barco de vapor Champlain desde Le Havre, Francia, junto a su esposa Gala. A partir de ese año repitieron el viaje cada invierno durante 40 años, hospedándose en el hotel St. Regis de la calle 55 Este. Tenían una suite privada, la habitación 1610. En estos prósperos años previos a la guerra, Dalí se fue adaptando a Nueva York y Nueva York se fue adaptando a Dalí. Su excentricidad y surrealismo europeos marcaron una pauta para su fastuosa aventura de toda la vida con la Gran Manzana. Dalí se convirtió en un negocio y una marca únicos, y Nueva York lo tomó y lo lamió. La revista semestral del hotel, St. Regis Magazine escribió recientemente en un artículo: "Dalí bromeaba alegremente por el hotel, luciendo su capa dorada de abejas muertas o accidentalmente abría una caja llena de moscas. Con los brazos extendidos, el bastón en alto, los bigotes apuntando hacia el cielo, nadie sabía mejor que él cómo hacer una entrada triunfal. Pronto, no solo sus fans más incondicionales, sino también los turistas se congregarían alrededor del hotel con la esperanza de verle en los escalones de la calle 55 Este, pronunciando su grito de guerra, cantando cada sílaba: "¡Da-lí ... está ... a-quí!"

A bordo del barco de vapor fabricó él mismo la lona que anunciaba su llegada a la ciudad. La gente estaba ansiosa de extravagancia y celebridades, dos cosas que el artista catalán tenía en abundancia. En la lona se podía leer un mensaje bastante egocéntrico: "Nueva York me saluda".

Desde 1929, Bonwitt Teller en 5th Avenue, fue una de las tiendas más glamurosas y prestigiosas de la ciudad, al igual que Selfridges lo es hoy en Londres. En 1929, la tienda contrató a su primer artista como diseñador de escaparates: el excéntrico Salvador Dalí, y nació una fascinante historia de colaboraciones creativas. El surrealista Salvador Dalí, que una vez declaró "Yo soy Surrealismo", diseñó dos ventanas temáticas para la tienda en 1939, una que representaba el día y la otra noche. Las pantallas no eran del agrado de la gerencia de la tienda ni del público; pronto fueron reemplazadas por maniquíes. Disgustado, Dalí saltó a la vitrina e intentó sacar una bañera del suelo, se deslizó y la bañera rompió el cristal de la ventana.

Curiosamente, la tienda fue demolida en la década de 1980 para dar paso a la construcción de la Torre Trump, en medio de las protestas de los habitantes de la ciudad.

El pico de su éxito fue en el momento de su aparición en la portada de la revista TIME en diciembre de 1936. Como decía el editorial de la revista Time, "el surrealismo nunca habría atraído su atención actual en los Estados Unidos si no fuera por un apuesto catalán de 32 años de edad."

Su obra fue expuesta en la conocida Knoedler Gallery de Nueva York, concretamente en la galería Julien Levi en 1934. El MoMa (Metropolitan Museum of Art) le dedicó una retrospectiva en 1941. Más tarde, en 1982, Dalí asistió a la inauguración oficial del Museo Dalí en San Petersburgo, Florida. El Museo Dalí recoge obras de arte donadas por Eleanor y Reynolds Morse, que fueron devotos coleccionistas de Dalí desde 1940 en adelante.

Muchos rasgos de su paso por Nueva York permanecen todavía en la ciudad; podéis visitar el cuadro “Persistencia de la Memoria” (1931), que aún cuelga en las paredes del MoMa.